Fruto de la unión y el compromiso por la conservación del mar entre la Fundación Canaria Mapfre Guanarteme y Aquawork, empresa especializada en la filmación y el estudio marino de Canarias, nace este proyecto, que pretende dar a conocer y revalorizar el mar canario como un gran apuesta de conservación basada en su divulgación y conocimiento.






martes, 23 de febrero de 2010

Año Internacional de la Diversidad Biológica


                             Foto Rogelio Herrera

Ha comenzado el Año Internacional de la Diversidad Biológica, año en el que pretendemos exponer nuestra diversidad biológica submarina. Sí, somos un lugar excepcional en el océano, singular en el Atlántico. Nuestra peculiar posición cerca del trópico y de la costa africana, no muy lejanos del gran Mediterráneo, con aguas templadas que llegan del norte europeo, pero con influencia de las corrientes caribeñas, son el origen de nuestra bioindentidad marina. A esta fortuna, se añade el paso de los peregrinos del mar, recibiendo a las especies que migran desde el sur y desde el norte.

De esta forma, Canarias constituye un singular crisol de especies, unas 6.000 identificadas hasta ahora, un importante legado que saber administrar y trasmitir como herencia.

Los humanos también formamos parte de esta biodiversidad, con una diferencia fundamental, disponemos de un gran poder para modificarla o destruirla, a pesar de que es fuente de nuestro bienestar y riqueza.

Con este importante legado tenemos un gran responsabilidad, mientras en el mundo se ha perdido alrededor de un 30% de las especies marinas en los últimos 40 años, exterminando cada año alrededor de un 1% del total de las especies conocidas, Canarias tiene su papel que jugar. Somos islas sobrepobladas, en continuo crecimiento, donde nuestro patrimonio natural es nuestro principal valor, pues nos da calidad de vida y es motor de la economía, del turismo, nuestra carta de presentación en el mundo. Por lo tanto, nos toca ser originales, precavidos y sabios, echar mano de la imaginación y valentía para defenderlo, cuidarlo y poder transmitirlo a las próximas generaciones, para que también sea su valor en alza.

Durante este año, tendremos como objetivo mostrar el valor de nuestra biodiversidad marina, redescubrir los tesoros que nos quedan, las especies, los ecosistemas, los paisajes, con el fin de que conociendo, conservaremos.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La expedición









El buceo a profundidad trae consigo una compleja organización de equipos que den soporte a una campaña de larga duración.

Por accesibilidad y cercanía establecimos nuestra base de operaciones en Órzola, al norte de Lanzarote, desde donde partíamos cada mañana, a bordo del barco contratado “Princesa Guacimara”, propiedad de David Romero, al Bajo de Las Gerardias.

Este emplazamiento nos permitía, además, una buena comunicación con el centro de buceo The Dive Shop Lanzarote, en Puerto del Carmen, donde residía una buena parte de la logística del buceo técnico.

Cada tarde, tras las inmersiones y llegada a puerto, nos ocupaba el tiempo en endulzar los equipos, descargar imágenes, cargar baterías, cambiar el absorbente del filtro, cargar botellas, pasar a limpio los datos de las inmersiones y una larga lista de tareas que se ejecutaban de forma automática, a fin de estar preparados para la jornada siguiente.



lunes, 8 de febrero de 2010

Fotografiar a contrarreloj



La inmersión profunda es fascinante. La luz se vuelve tenue, los sentidos se agudizan, la concentración te hace entrar en un estado de alerta constante. A su vez la vida se vuelve cada vez más monótona y en muchas ocasiones es muy escasa. Sin embargo el buceo profundo te engancha porque allí abajo tienes la sensación certera de estar explorando, a menudo eres el primero en estar allí, el primero en verlo. A ciertas profundidades, descender diez metros más supone un importante reto organizativo y a la vez supone descubrir un ecosistema totalmente nuevo, con especies, que nunca antes habías visto. Eso para un buceador “naturalista” es irresistible, y para un “fotógrafo naturalista” es adictivo.

A grandes profundidades, el fotógrafo tiene varios hándicaps que limitan enormemente su trabajo: la escasez de luz, la gestión de una gran cantidad de equipo y la brevedad del tiempo que podemos estar en la cota máxima.

Hoy en día, la escasez de luz podemos compensarla con la calidad de los sensores de las cámaras actuales, que nos permiten sacar fotos de gran calidad con muy poca luz ambiente. La gestión de una gran cantidad de equipo (hasta 40 y 50 kg en botellas) es algo a lo que uno, de forma irremediable, se acostumbra. Sin embargo, en mi opinión, el hándicap principal es el poco tiempo que podemos permanecer a ciertas cotas. Para poner un ejemplo, en algunas de las inmersiones más profundas en El Bajo de las Gerardias, (-70m) de un total de 100 minutos de inmersión, solo 30 fueron en el fondo, 10 para el descenso y 60 para el ascenso.




La utilización de circuitos de respiración cerrados (rebreathers) nos han abierto las puertas de las profundidades con una mayor seguridad, pero a medida que aumentamos la profundidad los tiempos en la cota máxima se acortan mucho y las descompresiones aumentan de forma exponencial. La fotografía profunda es una carrera contrarreloj, en la que en unos pocos minutos tienes que encontrar algo interesante, algo que pague el esfuerzo y el riesgo de ir hasta allí abajo. Es habitual incluso, que en un lugar mágico, enormemente hermoso y tan único como el bajo de las Gerardias, regreses a superficie con las manos vacías, sin ninguna imagen destacable. Aún así, es fascinante y sigue valiendo la pena.

Fotos y textos: Jordi Chias

viernes, 5 de febrero de 2010

La sesgada visión humana del planeta



Resulta tremendamente paradójico que hayamos bautizado al planeta que nos dio origen con el nombre de “Tierra”. Sobre todo, si atendemos a la gran superficie de vasto océano que recubre nuestro también denominado planeta azul. En este sentido rompemos una baza a favor de los que utilizan esta última denominación, al menos de vez en cuando, para referirse a nuestro hogar planetario. La etimología de la palabra “Tierra” está muy relacionada con la antigüedad clásica, pero el origen de la denominación de nuestro planeta con el vocablo aludido parece poco claro.

Las críticas a la denominación no pasarían de ser un comentario anecdótico sobre el modo de pensar humano si no ocultaran el verdadero problema de fondo: “un portentoso desinterés por la cuestión marina”. Una de las consecuencias de lo que venimos diciendo es que la exploración de la geografía marina se encuentra todavía en sus inicios. Siempre podemos achacar este retraso explorador a las limitaciones tecnológicas que impone el medio marino, pero este argumento queda sin peso cuando repasamos los datos sobre exploración espacial y comprobamos que existen mejores mapas de la luna y de algunos planetas que de los fondos marinos que cubren las dos terceras partes de nuestra casa común. Baste indicar que los estudios más conservadores señalan la existencia de al menos 100.000 montañas submarinas que superan los 1000 metros de altura e incontables de menor altitud. Además, el 50% de la superficie del planeta se encuentra por debajo de los 3000 metros: las llanuras abisales abarcan millones de kilómetros cuadrados. Se trata de una geografía equivalente a la superficie de la Luna y de Marte juntas (Ramírez Llodra y Billet, 2006). Sin duda, los océanos constituyen la última frontera para la exploración de nuestro planeta.

Desde el punto de vista de la biodiversidad, debemos considerar que el medio marino es el hábitat más extenso de la biosfera y los océanos constituyen el bioma más grande que conocemos, ocupando el 71% del planeta y representan un volumen de 1348 millones de km³.

Los océanos son la cuna de la vida y conservan los fósiles más antiguos que se conocen: los estromatolitos australianos tienen 3500 millones de años de antigüedad y fueron producidos por cianobacterias. Sin embargo, los fósiles más antiguos datados en las tierras emergidas tienen tan solo 450 millones de años. A la luz de estos datos podemos afirmar que la vida en el mar ha tenido mucho más tiempo para diversificarse que la terrestre. La evolución lleva más tiempo gestándose en el mar que en tierra firme.

A pesar de lo que se pueda llegar a pensar por los legos, la falta de exploración del medio marino alcanza todos los niveles, desde las grandes profundidades hasta las costas más someras, dónde los investigadores continúan teniendo una gran falta de información sobre los fondos marinos y las comunidades que los pueblan. Gran parte de las costas del mundo están escasamente estudiadas o prácticamente sin estudiar desde el punto de vista de la biología marina.

Lo cierto es que mientras en las tierras emergidas todavía se celebra con gran algarabía cuando se descubre alguna especie de mamífero en algún lugar recóndito de las pocas selvas que quedan, en los océanos se descubren familias y órdenes nuevos para la ciencia con una facilidad que da vértigo por las grandes expectativas que se abren de cara al futuro. Sin embargo, lo más excitante de todo, es que en el mar todavía quedan grandes comunidades de seres vivos todavía desconocidos y que bien podrían catalogarse de mundos biológicos por descubrir.

Textos: Dr. Oscar Ocaña
Foto: Rogelio Herrera